Lo Que Me Enseña mi Árbol de Navidad

Written on 11/21/2018

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Author: Steven Timmermans

Llegó de nuevo esa época del año cuando muchos de nuestros hogares e incluso algunas de nuestras iglesias están adornadas con luces, guirnaldas, listones y—por supuesto—arboles de Navidad. Aunque originalmente tomado de tradiciones paganas, el árbol de Navidad se ha convertido en un componente central de muchas de nuestras tradiciones Cristianas de Adviento. Mientras pienso en colocar el árbol de Navidad en mi propia casa, me vienen a la mente algunas otras reflexiones relacionadas con los árboles.

La primera reflexión surgió hace más de cinco años cuando Ron Vanderwell escribió un devocional titulado “Fe Sustentadora” para la publicación Today de Back to God Ministries International. Basado en el Salmo 1, el devocional se enfocó en la imagen de un árbol plantado junto a la orilla de un río. El tercer verso de ese salmo explica que una persona que ama la ley de Dios “es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!”

Vanderwell concluye su reflexión con estas palabras: “El Salmo 1 nos asegura que Dios quiere sostenernos de esta manera, si tan solo se lo permitimos. Podemos llamar a esto una fe sustentadora, y es aquí donde realmente comenzamos a ver la mano de Dios en nuestras vidas.”

Mientras transitamos el tiempo de Adviento hacia la mañana de Navidad, celebramos a un Dios cuyo amor se encarnó en un pesebre hace 2,000 años y quien continúa sosteniéndonos hoy como un río sostiene a un árbol. Esto es algo hermoso para recordar.

Mi segunda reflexión relacionada a un árbol tiene que ver con el árbol genealógico de Jesús descrito en el primer capítulo de Mateo. Así como el árbol del salmista nos recuerda la mano sustentadora de Dios, este árbol genealógico que describe el linaje de Jesús nos recuerda a nuestro Dios quien guarda sus pactos, quien hizo una promesa a Adán y a Abraham y la cumplió en un establo de Belén.

Tercero, así cuando nuestros oídos resuenan con la proclamación de los ángeles “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad” (Lucas 2:14), también sabemos que esa historia que comenzó en Belén, es la historia que conduce al madero de un árbol—la cruz—en la cual Jesús fue crucificado. Este madero es un contraste impactante a la escena del pesebre que tanto nos gusta, pero es parte del plan para nosotros de nuestro Dios quien cumple sus promesas. Jesús fue crucificado, murió, y fue sepultado. Él también resucitó y ascendió al cielo.

Por último, pienso en Romanos 11, donde nos encontramos la imagen de un árbol, el olivo. Como cristianos, todos somos ramas injertadas en el árbol de Cristo. Una vez más, es parte del plan de Dios para nosotros, y el gozo de estar injertados al olivo es que ahora daremos fruto.

Durante este tiempo de espera del Adviento, árboles de Navidad y celebraciones, continuemos regocijándonos sabiendo que el plan de Dios, hecho posible a través de su Hijo, nos da vida eterna—una promesa que nos sostiene día con día, ahora y por la eternidad.

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